EL PENSADOR POSITIVO COMO REALIZADOR.
Yo no soy más que un muchacho campesino y estoy ensayando el pensamiento positivo.
“¿Le molestaría si lo acompaño un rato?”
Me explico que había estado leyendo durante varios años libros
sobre la motivación y parecía muy orgulloso de su colección. “El primero que
leí fue su Power of Positive Thinking. Mi mamá me lo regaló en Navidad cuando
yo era un chico, de modo que casi me crié con él. Trato de convencerme de que
si puedo lograr lo que me anhelo”.
-¿Y
qué es eso? – le pregunte.
-Quiero
ser abogado, y tal vez entrar en la política, pero me parece como un sueño que
no se hará realidad.
-¿Por
qué no se puede hacer realidad?
-
Porque somos pobres y para llegar a abogado hay que pasar por la universidad y
la facultad de derecho. En mi familia nadie ha ido a la universidad. Todos
somos campesinos y nada más.
Este dialogo se desarrollaba mientras que yo me dirigía a
mi hotel, después de haber dictado una conferencia motivacional ante un público
numeroso compuesto principalmente de jóvenes con aspiraciones, hombres y
mujeres, que trabajaban en ventas. Mi compañero me dijo: Tengo diecinueve años,
y cuando me entere de esta reunión por el periódico, tomé el ómnibus para venir
aquí, aun cuando me costó casi todo lo que tenía. Lo vi salir salón después de
su conferencia y lo seguí. Dígame que usted cree que si puede salir adelante.
Dígame eso nada más y deme indicaciones de cómo puedo alcanzar mi meta.
Era una cosa un poco patética y al mismo tiempo
inspiradora. Realmente me conmovió: un muchacho pobre que se ha criado en el
campo pero que quiere ser abogado y tomar parte en la vida de su patria.
- Usted
tiene todas las condiciones para triunfar – le dije -. Tiene un deseo intenso,
una meta precisa, un propósito noble. Ha mostrado perseverancia al venir aquí a
ómnibus gastando todo su dinero. Tiene una buena cabeza pues se le ve la
inteligencia en la mirada. Me dice que está trabajando con fe, pues bien, crea
que es capaz, con la ayuda de DIOS, no hay ninguna duda de que llegará a ser lo
que aspira.
Se marchó muy contento, Lo
seguí con la vista hasta que dobló la esquina en dirección a la estación de
ómnibus, donde emprendería el largo
regreso al campo. Se despidió haciendo un ademán con la mano. Aun cuando me
traten de sentimental, debo confesar que se me hizo un nudo en la garganta,
Vivimos en un país donde la juventud puede aún perseguir el ideal. De que mi
joven amigo triunfará, no me cabe la menor duda.
En el aeropuerto de Atlanta
me encontré con un viejo amigo, un hombre de
negocios; tuvimos una charla estimulante acerca del pensamiento positivo
y de cómo convierte a las personas en realizadoras.
Por el reverso de su tarjeta
de presentación había escrito que el principio positivo es el ´proceso mental y
espiritual por el cual una persona pasa de la autolimitación, el deterioro y el
fracaso, a la superación personal, el desarrollo y la realización.
Cuando una persona no está
logrando el éxito deseado, es de sentido común que necesita un cambio. Y ocurre
con mucha frecuencia, tal vez en la mayoría de los casos, que el que está
fracasando supone que la solución del problema está en cambiar de oficio. En
realidad es posible que sea preferible no cambiar de trabajo sino cambiar a la
persona. Un individuo que cambia su modo de pensar pude ser del empleo una cosa
totalmente distinta. El empleo puede pasar a ser una oportunidad notable en
lugar de ser el callejón sin salida que parece.
- A mí
me parece muy bien eso del pensamiento positivo; pero el empleo que yo tengo es
una porquería. ¿Qué puedo hacer?
Lo que le pasa, básicamente,
era que no tenía confianza en si mismo. Eso era obvio. Pero yo lo convencí de
lo que realmente era él en el fondo, y de lo que podía realizar .Por fortuna
estaba orientado a las metas aunque parecía mentalmente desorganizado y muy
negativo.
-
No soy realmente una persona positiva- me
dijo – y no comprendo por qué el jefe cree que si lo soy.
Le expliqué que yo tenía
mucha fe en ese principio, por haber visto ponerlo en práctica en incontables
casos con todo éxito por personas deseosas de cambiar. Me escucho con creciente
interés cuando le hable de hombres y mujeres apáticos, sin entusiasmo, a quien
yo había persuadido de que actuaran como individuos entusiastas, y quienes a su
debido tiempo adquirieron atributos del entusiasmo. Le hable también de otras
que eran tímidos e introvertidos, que deliberadamente resolvieron actuar como
si fueran extrovertidos y despreocupados y al fin se volvieron realmente asi.
Es patético que tantas personas
que podrían desempeñar un papel brillante en la vida no lo desempeñen, si no
que se conformen por apatía con algo inferior. El célebre escritor James M.
Barrie lo ha dicho muy bien: “El mayor motivo de júbilo en el mundo es que
pocos caemos demasiado abajo; lo más triste es que, teniendo tantas
capacidades, rara vez subimos mucho”. Tal vez otra manera de expresarlo es que
somos voluntariamente víctimas de la mediocridad. Nos contentamos con lo que
equivale a mediocre cundo la verdad es que no tenemos porqué serlo.
Millones de personas en
todos los oficios imaginables nunca se han propuesto alcanzar altas metas que
eran alcanzables, ni resolver problemas que tenían solución. ¿Por qué? Porque
les han dicho o han creído que “no se pude “. Y nunca aprendieron ni aplicaron
esa esencia del arte de la motivación con una actitud mental positiva que
podría haberles ayudado a alcanzar cualquier meta que no violara las leyes
universales, las leyes de Dios ni los derechos del prójimo.
Podrían
haber alcanzado las más altas metas y resolver los problemas más difíciles.
¿Cuántos han sido motivados
por la pobreza, como lo fue Abraham Spector? Millares. Otro Abraham – Lincoln –
fue pobre, muy pobre. Su madre le decía. “Tienes que ser algo”. Yo también fui hijo de una familia pobre.
Esta circunstancia es fuente de sufrimientos, pero también es una gran
motivadora.
Una de las grandes
demostraciones de cómo un pensador positivo motivado realiza sus metas, es la
historia del inolvidable campeón olímpico Jasse Owens. Me ocupa la suerte de
conocer personalmente a este atleta formidable, a quien muchos comentaristas
deportivos reputaron como el más grande en la historia de su patria. El propio
Owens negaba vigorosamente semejante evaluación, pero no hay duda de sus
proezas en atletismo ni de su grandeza
como cristiano sincero y notable ser humano.
La marca de salto largo que fijó durante los juegos
duró veintidós años y su desempeño con el equipo de relevos fue espectacular.
Finalmente, cuando se creó el Cuadro de Honor Atlético de los Estados Unidos,
el nombre que le encabezo fue el de el niño débil de Cleveland que persiguió un
sueño, una meta de inmortalidad atlética,
Reflexione el lector sobre
la historia de Josse Owens y crea, realmente crea, en el fondo de su corazón.
Para ayudarle a ello, le doy
enseguida diez principios del “sí se puede”. Grábelos en su muerte. Crea que le
servirán cuando lo use. Aplicándolos, el pensador positivo obtiene resultados
poderosos.
1)
Imprima indeleblemente su meta en la mente.
2)
Imagínese siempre que tiene éxito con la ayuda de DIOS.
3)
Cuando un pensamiento negativo entre en su mente,
contrarréstelo
inmediatamente con su pensamiento positivo.
4)
Minimice mentalmente las dificultades; maximice sus fuerzas.
5)
Niégueles todo poder a las dificultades. Afirme el poder de la fe para vencer.
6)
Crea en sí mismo.
7)
Sea siempre genuinamente amistoso.
8)
Siga aprendiendo, creciendo, mejorándose.
9)
Construya una escala para su sueño:
Resolución.
Dedicación.
Disciplina.
Actitud.
10)
Todos los días practique la mayor de todas las afirmaciones posibles. “Todo lo
puedo en Cristo que me fortalece”.
Pero
reconozcamos que los problemas de la vida nos puede asediar. Por diversas razones
se presentan situaciones difíciles. Un aflojamiento temporal de las actitudes
positivas podría ser una de ellas de modo que el próximo capitulo vamos a
explorar una cuestión importante: Cómo hacer que las cosas marchen mejor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario