viernes, 17 de agosto de 2012


EL PENSADOR POSITIVO COMO REALIZADOR.
Yo no soy más que un muchacho campesino  y estoy ensayando el pensamiento positivo. “¿Le molestaría si lo acompaño un rato?”
Me explico que había estado leyendo durante varios años libros sobre la motivación y parecía muy orgulloso de su colección. “El primero que leí fue su Power of Positive Thinking. Mi mamá me lo regaló en Navidad cuando yo era un chico, de modo que casi me crié con él. Trato de convencerme de que si puedo lograr lo que me anhelo”.
-¿Y qué es eso? – le pregunte.
-Quiero ser abogado, y tal vez entrar en la política, pero me parece como un sueño que no se hará realidad.
-¿Por qué no se puede hacer realidad?
- Porque somos pobres y para llegar a abogado hay que pasar por la universidad y la facultad de derecho. En mi familia nadie ha ido a la universidad. Todos somos campesinos y nada más.
Este dialogo se desarrollaba mientras que yo me dirigía a mi hotel, después de haber dictado una conferencia motivacional ante un público numeroso compuesto principalmente de jóvenes con aspiraciones, hombres y mujeres, que trabajaban en ventas. Mi compañero me dijo: Tengo diecinueve años, y cuando me entere de esta reunión por el periódico, tomé el ómnibus para venir aquí, aun cuando me costó casi todo lo que tenía. Lo vi salir salón después de su conferencia y lo seguí. Dígame que usted cree que si puede salir adelante. Dígame eso nada más y deme indicaciones de cómo puedo alcanzar mi meta.
Era una cosa un poco patética y al mismo tiempo inspiradora. Realmente me conmovió: un muchacho pobre que se ha criado en el campo pero que quiere ser abogado y tomar parte en la vida de su patria.
-      Usted tiene todas las condiciones para triunfar – le dije -. Tiene un deseo intenso, una meta precisa, un propósito noble. Ha mostrado perseverancia al venir aquí a ómnibus gastando todo su dinero. Tiene una buena cabeza pues se le ve la inteligencia en la mirada. Me dice que está trabajando con fe, pues bien, crea que es capaz, con la ayuda de DIOS, no hay ninguna duda de que llegará a ser lo que aspira.
Se marchó muy contento, Lo seguí con la vista hasta que dobló la esquina en dirección a la estación de ómnibus, donde emprendería  el largo regreso al campo. Se despidió haciendo un ademán con la mano. Aun cuando me traten de sentimental, debo confesar que se me hizo un nudo en la garganta, Vivimos en un país donde la juventud puede aún perseguir el ideal. De que mi joven amigo triunfará, no me cabe la menor duda.
En el aeropuerto de Atlanta me encontré con un viejo amigo, un hombre de  negocios; tuvimos una charla estimulante acerca del pensamiento positivo y de cómo convierte a las personas en realizadoras.
Por el reverso de su tarjeta de presentación había escrito que el principio positivo es el ´proceso mental y espiritual por el cual una persona pasa de la autolimitación, el deterioro y el fracaso, a la superación personal, el desarrollo y la realización.
Cuando una persona no está logrando el éxito deseado, es de sentido común que necesita un cambio. Y ocurre con mucha frecuencia, tal vez en la mayoría de los casos, que el que está fracasando supone que la solución del problema está en cambiar de oficio. En realidad es posible que sea preferible no cambiar de trabajo sino cambiar a la persona. Un individuo que cambia su modo de pensar pude ser del empleo una cosa totalmente distinta. El empleo puede pasar a ser una oportunidad notable en lugar de ser el callejón sin salida que parece.
-      A mí me parece muy bien eso del pensamiento positivo; pero el empleo que yo tengo es una porquería. ¿Qué puedo hacer?
Lo que le pasa, básicamente, era que no tenía confianza en si mismo. Eso era obvio. Pero yo lo convencí de lo que realmente era él en el fondo, y de lo que podía realizar .Por fortuna estaba orientado a las metas aunque parecía mentalmente desorganizado y muy negativo.
-      No soy realmente una persona positiva- me dijo – y no comprendo por qué el jefe cree que si lo soy.
Le expliqué que yo tenía mucha fe en ese principio, por haber visto ponerlo en práctica en incontables casos con todo éxito por personas deseosas de cambiar. Me escucho con creciente interés cuando le hable de hombres y mujeres apáticos, sin entusiasmo, a quien yo había persuadido de que actuaran como individuos entusiastas, y quienes a su debido tiempo adquirieron atributos del entusiasmo. Le hable también de otras que eran tímidos e introvertidos, que deliberadamente resolvieron actuar como si fueran extrovertidos y despreocupados y al fin se volvieron realmente asi.
Es patético que tantas personas que podrían desempeñar un papel brillante en la vida no lo desempeñen, si no que se conformen por apatía con algo inferior. El célebre escritor James M. Barrie lo ha dicho muy bien: “El mayor motivo de júbilo en el mundo es que pocos caemos demasiado abajo; lo más triste es que, teniendo tantas capacidades, rara vez subimos mucho”. Tal vez otra manera de expresarlo es que somos voluntariamente víctimas de la mediocridad. Nos contentamos con lo que equivale a mediocre cundo la verdad es que no tenemos porqué serlo.
Millones de personas en todos los oficios imaginables nunca se han propuesto alcanzar altas metas que eran alcanzables, ni resolver problemas que tenían solución. ¿Por qué? Porque les han dicho o han creído que “no se pude “. Y nunca aprendieron ni aplicaron esa esencia del arte de la motivación con una actitud mental positiva que podría haberles ayudado a alcanzar cualquier meta que no violara las leyes universales, las leyes de Dios ni los derechos del prójimo.
Podrían haber alcanzado las más altas metas y resolver los problemas más difíciles.
¿Cuántos han sido motivados por la pobreza, como lo fue Abraham Spector? Millares. Otro Abraham – Lincoln – fue pobre, muy pobre. Su madre le decía. “Tienes que ser algo”.  Yo también fui hijo de una familia pobre. Esta circunstancia es fuente de sufrimientos, pero también es una gran motivadora.
Una de las grandes demostraciones de cómo un pensador positivo motivado realiza sus metas, es la historia del inolvidable campeón olímpico Jasse Owens. Me ocupa la suerte de conocer personalmente a este atleta formidable, a quien muchos comentaristas deportivos reputaron como el más grande en la historia de su patria. El propio Owens negaba vigorosamente semejante evaluación, pero no hay duda de sus proezas en atletismo  ni de su grandeza como cristiano sincero y notable ser humano.

La marca  de salto largo que fijó durante los juegos duró veintidós años y su desempeño con el equipo de relevos fue espectacular. Finalmente, cuando se creó el Cuadro de Honor Atlético de los Estados Unidos, el nombre que le encabezo fue el de el niño débil de Cleveland que persiguió un sueño, una meta de inmortalidad atlética,
Reflexione el lector sobre la historia de Josse Owens y crea, realmente crea, en el fondo de su corazón.
Para ayudarle a ello, le doy enseguida diez principios del “sí se puede”. Grábelos en su muerte. Crea que le servirán cuando lo use. Aplicándolos, el pensador positivo obtiene resultados poderosos.
1) Imprima indeleblemente su meta en la mente.

2) Imagínese siempre que tiene éxito con la ayuda de DIOS.

3) Cuando un pensamiento negativo entre en su mente,
contrarréstelo inmediatamente con su pensamiento positivo.
4) Minimice mentalmente las dificultades; maximice sus fuerzas.

5) Niégueles todo poder a las dificultades. Afirme el poder de la fe para vencer.

6) Crea en sí mismo.

7) Sea siempre genuinamente amistoso.

8) Siga aprendiendo, creciendo, mejorándose.

9) Construya una escala para su sueño:
Resolución.

Dedicación.

Disciplina.


Actitud.

10) Todos los días practique la mayor de todas las afirmaciones posibles. “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”.

Pero reconozcamos que los problemas de la vida nos puede asediar. Por diversas razones se presentan situaciones difíciles. Un aflojamiento temporal de las actitudes positivas podría ser una de ellas de modo que el próximo capitulo vamos a explorar una cuestión importante: Cómo hacer que las cosas marchen mejor.

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